Sobremesa en Ribera de Duero: Olivares, Protos, Canalejas de Peñafiel

  

Cielo de Castilla

BUEN QUEHACER CASTELLANO

 

Retablo de la Iglesia de San Juan Bautista (Olivares)

Una excursión por tierras castellanas, organizada por Mª José Zamora. Es domingo de octubre y el sol luce como se ve en la foto. La primera escala es en Olivares. Nos sorprende la maravilla de la iglesia, dedicada a San Pelayo. Un edificio gótico con retablo del siglo XVI. Resulta increíble el conjunto de 51 tablas de Juan de Soreda, flanqueadas por esculturas de Alonso Berruguete. Un coro animoso acompaña la celebración de la Santa Misa. Nos sentimos forasteros entre los muchos habitantes de Olivares que tienen por casa un escenario deslumbrante. Belleza oculta, pero no ignorada. En Castilla se valora esta belleza heredada de siglos de esplendor.

          Un pequeño recorrido por el pueblo y enfilamos a otros espacios. La Ribera del Duero, cuajada de viñedos y bodegas.  Estamos en año de buena cosecha.

      

Ricardo Zamora con su mujer Mª José y Pilar Fermoso

    Nuestra parada es en Protos. Nombre griego que significa “Primero”. Se debe a que es la primera bodega de la zona, incrustada en la fortaleza del Castillo de Peñafiel. La visita guiada por  la vieja bodega y la nueva lleva a comprender el valor del buen vino, el trabajo de la elaboración y crianza, desde la recogida de la uva hasta la exportación por el mundo. Otra belleza oculta de esta tierra castellana, porque la bodega hay que descubrirla, recorrerla y así, al degustar, se valora el buen hacer de un trabajo laborioso, precedido por siglos de una experiencia artesanal.

Las tres autoras del blog: Mª José Zamora, Maite del Riego y Pilar Fermoso

     

Comemos en Canalejas de Peñafiel, a orillas del Duratón. Quintana se llama el restaurante, regido por Teodoro, famoso pescadero de la zona, que con su empeño animoso ha conseguido traer a este rincón de Castilla el olor y el sabor de la mar. Un arroz con gobavantes -¡sabrosísimo!- y un bacalao al pil-pil. Elegimos los postres “al gusto”. Se agradece, sobre todo,  la conversación animada y la cordial acogida de Teodoro y su familia.

 

 Un domingo de sabrosa/sobremesa. Descubrimiento de lo auténtico castellano, en el sol, en el paisaje, en el trabajo: en el buen hacer de sus  gentes.

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