Ensalada de otoño: receta con historia


Es muy familiar el intercambio de recetas y señal de buena amistad. Ésta me la dio mi hermana Pilar hace ya unos cuantos años, pero conserva su sabor. Es bonita, pero no me envió fotos, en cambio sí añadió la historia:

 INGREDIENTES

 -Endivias: una bandejita

-Mandarinas: dos o tres, depende del tamaño

-Una granada, más bien grandecita

-Un tarro de arenques en vinagre, tamaño pequeño (tres o cuatro arenques enrollados)

-Aceite, vinagre, cucharita de azúcar moreno o miel

 REALIZAR

-Se pican las endivias en redondeles muy finitos. Se trocean las mandarinas y los aranques en trocitos muy pequeños. Y la granada se desgrana (valga la redundancia)

-Se mezclan los ingredientes en la ensaladera.

-En el caso de los arenques no se mezclan hasta el momento de comer ya que el ácido puede estropear el color de la endivia.

-A continuación se prepara el aliño de la siguiente forma:

-En un vasito de vino se pondrá como la mitad de aceite (para esta ensalada utilizo aceite virgen de oliva 0,4 acidez, pero va en gustos). A continuación un chorrito de vinagre, sin excederse porque los aranques también lo llevan.

-Este aliño se revolverá mucho antes de echarla a la ensalada, justo antes de tomarlo.

-Y aquí va un secreto que mejora mucho el invento: Añadir al aliño una cucharadita rasa de azúcar. Mejor si es azúcar moreno. Se revuelve mucho para que quede diluído antes de vertirlo. También puede utilizarse miel en lugar del azúcar.

El mérito de la ensalada es conjugar sabores dulces y agrios. También es lucida de colorido. Se puede poner como entrada de un plato contundente y resulta un menú perfecto.

 HISTORIA

Corría el año 1986 –ya ha llovido- y yo asistía a unas clases de cocina que impartía una maravillosa cocinera de nombre Marisol, en un restaurante que durante la época de la transición estuvo de gran moda en Madrid, pero luego se cerró. Pues bien, en esa clase que iba más allá del usual procedimiento de mostrar cómo se cocina un plato, los alumnos hacíamos nuestras propias “creaciones” que eran luego debidamente criticadas y rectificadas por el colectivo. Yo presenté la ensalada otoñal, que fue muy aplaudida y un “pelín” rectificada por la profesora que sugirió añadir al aliño la cucharita rasa de azúcar y mejoró el resultado.

La llamo ensalada otoñal por alguno de sus ingredientes.

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